
El parque Hidden Worlds (Tak Be Ha en Maya) debe su nombre al cenote que constituye la atracción principal. No podíamos dejar de visitar un cenote en el que se pudiera practicar snorkel, y éste era el ideal. El pack de actividades completo no nos interesaba, pero tras un pequeño regateo, nos salía más a cuenta que coger dos o tres actividades por separado. La travesía comienza por un camino cuasi intransitable, un recorrido de un cuarto de hora por la jungla a bordo de un primitivo vehículo con el motor al descubierto, de estruendoso discurrir y poco cuidadoso piloto. Conviene agarrarse... Llegamos a la zona principal y tenemos que dejar todas nuestras pertenencias en unas taquillas, ya que toca la tirolina. Bautismo de fuego para este rockero comodón en lo que se denomina deportes de aventura. Arnés con doble medida de seguridad y triple capa de repelente de mosquitos para el deslizamiento son obligatorios. La tirolina es el aparato que muchos miembros de fuerzas especiales emplean para deslizarse de un edificio a otro, seguro que lo habéis visto en una película o un videojuego (Battlefield 2, por ejemplo). 20 segundos de infarto a toda leche, uno empieza a preguntarse cómo demonios frenará la cosa esta. Para colmo, el encargado de recoger a los incautos en tierra suele gastar una bromita que realmente acojona... Estoy casi llegando al final, pensando que el hombre me va a coger, cuando éste me espeta: "Usa el freno, frena, frenaaaa". Adrenalina, miedo, mal rollo, drama, muerte por aplastamiento, todo pasa por mi mente en apenas dos segundos. Obviamente, el cacharro no tiene frenos (¡nos lo habrían dicho!), aterrizo más o menos de forma suave en brazos del bromista, descojonado, que me descuelga, las piernas aún como flanes. Llegamos por un caminito entre la jungla a la zona del cenote. Como expliqué en un capítulo anterior, los cenotes son pozos de agua dulce, en este caso filtrada durante miles de años a través de la piedra caliza, y cuyo goteo crea cavernas de gran belleza, llenas de estalactitas y estalagmitas. Cuando pienso en la geografía del Yucatán, no puedo evitar pensar que fue en esta zona en la que impactó el meteorito que puso fin a la era de los dinosaurios (esta teoría está ya casi aceptada, os recomiendo leer a Bill Bryson, "una pequeña historia de todas las cosas", el mejor libro de divulgación científica multidisciplinaria de los últimos tiempos, con el permiso del maestro Isaac Asimov, descanse en paz). La segunda actividad, de la que pasamos olimpicamente, consiste en descender desde la jungla al suelo de la caverna haciendo rappel, ya tuve bastante arnés por un día. Observamos la fauna que a duras penas (por la escasez de luz) mora en la cueva, murciélagos, orugas del tamaño de un respetable habano, nubes de mosquitos, parece una bajada a los infiernos.

Para la tercera actividad, he de decir que mi mujer tuvo más valor que yo. Otro descenso en tirolina directo al agua... No pude disuadirla, no lo veía claro, el cenote es poco profundo, el cable traza un ángulo que sugiere gran velocidad, el agua está realmente fría. Pese a todo, se lanzó y le gustó. Manda huevos... Cogemos un chaleco, una linterna subacuática y seguimos a la guía hacia el interior del cenote. De nuevo tengo que dejar mi cámara por ahí, cosa que no me hace gracia, pero mis temores son infundados, nadie tocó nada de nuestras cosas, a veces paranoio un poco. Llega el momento de hacer snorkel, unos segundos de aclimatamiento a la temperatura del agua y a la oscuridad, y pasamos a la gran gruta, de cristalinas aguas. Se aprecian las raíces de los árboles que adornan en interior de la cueva a modo de columnas. Estalactitas y estalagmitas por doquier, un bello paisaje (en gran parte formado por guano, caca de murciélago) bajo el agua. El pequeño ecosistema de la gruta tiene a los murciélagos y a los peces como protagonistas. No hay vida vegetal, ya que la oscuridad no permite la fotosíntesis. El sepculcral silencio que impera en la milenaria cueva consigue sumirmos en un estado de paz interior muy reconfortante. Tuvimos la desgracia de estar en un grupo (los grupos son de 7 personas máximo + la guía) en el que había una familia de Kansas City. El chaval preguntó porqué no podía mearse en el agua y la madre, Lynn, prescindió de la máscara y el tubo, presa del pánico, casi obligada por sus hijos a embarcarse en semejante empresa suicida. No dejaba de repetir en voz baja: "I'm scared"... Para eso se hubiera quedado en casa. Para que yo diga (que no soy nada aventurero) que el riesgo es cero, es que es super seguro. En fin, éste es el cenote que os recomiendo si lo vuestro no es el buceo con botella de oxígeno. En caso contrario, el mejor es el cenote Dos Ojos, que consta de dos cuevas comunicadas entre sí por un pasadizo submarino, parece ser que es espectacular, pero demasiado claustrofóbico para mí. La quinta actividad consistía (también pasamos) en hacer sky-gliding sobre la jungla, es decir, pedalear sobre una especie de bicicleta sujeta por un cable a
gran altura. Demasiados mosquitos...
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