
Criadores, adiestradores, educadores y demás profesionales dedicados al mundo del can tienen a bien, como norma general, dedicar un pequeño extra de tiempo (a cambio de un emolumento, evidentemente) a poner en vereda a todo perrito que se salga del camino de la rectitud y la urbanidad que nuestra sociedad requiere. No sin cierto pesar tengo que reconocer que nuestra pequeña Maya, ese torbellino peludo y juguetón, nuestro peluchito cariñoso, está rozando la peligrosidad en cuanto a que su desmedida efusividad le está costando el apelativo de "la loca" entre los dueños de perros de Las Tablas. La pobre, amante del contacto físico, se lanza a placar a todo ser humano que se lance en su camino y una bola de pelo de más de 20 Kg a esa velocidad puede tumbar a cualquiera. No existe peligro alguno, Maya se tumba panza arriba y se somete a la voluntad de cualquiera, jamás ha arrugado el morro y es incapaz de albergar sentimientos negativos hacia ningún humano. Pese a ello, empezamos a tener algún que otro roce con el típico enemigo de los animales que no duda en recriminarnos nuestra salvaje conducta, instándonos a llevar atada semejante criatura del demonio. ¿Casos aislados? Empezamos a temer por los niños que se acercan al parque a jugar por la tarde. Sabemos que Maya querrá saludarles y jugar con ellos, pero comparando tamaños, a ningún adulto le haría mucha gracia que un oso Grizzly se le subiera encima por muy juguetón e inofensivo que éste fuera. En este sentido, hemos decidido hacernos con los servicios de un adiestrador profesional para ayudar a la dispersa cachorrita a centrarse, sublimar su nerviosismo y acatar las normas. Daniel es un chico educado y un buen profesional, en cada clase se notan los progresos. No en vano, compite con un Golden de asombrosa belleza y envidiable carácter. Para quien pueda necesitarlo, ahí va su e-mail:
Móvil: 616 519 537